28 de enero de 2008

Apuntes para una cata.


Nos valdremos del tacto y la vista para evaluar la textura del cogollo. Ésto nos aportará información sobre fallos y aciertos en el cultivo, nivel de secado y en algunos casos hasta al tipo de hierba al que nos enfrentamos.

Al sujetarlo entre los dedos un buen cogollo se nota denso y relativamente pesado. Si el cogollo apenas pesa y se comprime mucho ante la presión, pueden pasar varias cosas: que estemos ante una marihuana deficientemente cultivada, ante un cogollo de una parte inferior o interior de una planta, o que sea de ciertas variedades sativas que tienen este tipo de inflorescencia. Los cogollos índicos tienden a ser más grandes, compactos y redondos, y la mayoría de los híbridos actuales han heredado esa característica de sus genes índicos.

La marihuana en el punto óptimo de secado se desmenuza fácilmente entre los dedos, sin reducirse a polvo como ocurre cuando está demasiado seca. Los pequeños tronquitos se quiebran y no se doblan como cuando está poco seco aún. La hierba húmeda, irrita la garganta, no ha desplegado aún todos sus aromas. Es un desperdicio económico, ya que es mediante el curado y el secado como se obtiene la mejor relación peso/thc en la marihuana.

El Olfato es uno de los sentidos más importantes. Nos puede aporta buena parte del placer previo al fumar, adelantando todas las sensaciones que vienen a continuación. Apreciamos el aroma debido a las sustancias volátiles que contiene el cannabis.

Conviene estar especialmente atento a tres momentos: El cogollo tal y como lo cojemos con la mano nos da las primeras pistas. Mientras se rellena el desmenuzador o se desmenuza por otro sistema, la frotación del tallo central sobrante nos da las siguientes señales. La yerba ya molida te aportará las últimas sensaciones antes de empezar el liado.

El aroma debiera ser agradable y perfumado, siendo negativos los aromas de químicos, fermentaciones, mohos o similares, producidos generalmente por excesos en el cultivo o secados, o curados defectuosos.

Un buen catador distinguirá mediante este sentido los aromas pertenecientes a la variedad de los inducidos en el proceso de cultivo, secado y curado (podrá decir si tiene o tuvo botrytis, o si el secado quedó a medias y como resultado tiene demasiada clorofila).

Una calada con el porro ya liado pero antes de encenderlo es buena forma de comenzar la cata de sabores. Los sabores más volátiles están disponibles antes de encenderlo.

En boca se pueden percibir sensaciones de varios tipos:

Las producidas por las combinaciones de los cuatro sabores, dulce, amargo, salado y picante, que nunca debemos confundir con olores, como he hecho yo alguna vez. Es ahora, mientras fumas cuando debes buscar esas combinaciones. En general vas a encontrar más o menos dulce y más o menos amargo. Y aunque sea más extraño también hay yerbas picantes y yerbas saladas.

Las producidas por la intensidad de estos sabores, y dependiendo de éstas podremos afirmar si es suave o fuerte al fumar. En general las yerbas suaves son las agradables de fumar y las fuertes las que después de media calada ya estás rechazando.

Las producidas por las combinaciones de aromas impregnados en las vías respiratorias, en la boca y en la garganta después de haber exhalado el humo, o retrogusto. Los aromas más persistentes permanecen ahí un tiempo y nos dan una nueva imagen de lo que hemos fumado compuesta en buena parte de los aromas menos volátiles de la muestra catada.

La marihuana cultivada con abonos orgánicos suele tener mejor sabor que la crecida con abonos químicos, especialmente si se abusa de éstos o no se riega durante los últimos días sin abono para limpiar la planta antes de cosechar. El secado y el curado son dos procesos fundamentales que influyen directamente en la calidad del producto final. Si la hierba no se seca bien, irrita la garganta y hace toser. Si no se cura durante uno o dos meses, no alcanza su mejor sabor y sigue haciendo toser. Los abonos químicos dejan un sabor particular en la marihuana que no siempre se arregla en el secado y el curado.

Algunas variedades sólo están buenas al comenzar el porro, conforme nos acercamos a la boquilla el sabor va empeorando y las últimas caladas son horribles. En otras variedades todo el porro sabe igual. No tengo muy claro por que sucede esto, pero el caso es que sucede y obviamente preferiremos aquella maría que tiene buen sabor hasta el final del porro.

Dejo para el final el elemento más importante, pero el más subjetivo de la marihuana: la psicoactividad. Es el más subjetivo porque queda determinado por la tolerancia del juez, en primer lugar, y por su estado anímico a continuación, con lo que para calificar con justicia este apartado sería necesario definir un estándar de set y setting y a partir de ahí ponerse a calificar.

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