30 de marzo de 2011

Fukushima, un desastre.

El paradigma energético nuclear, a freir espárragos.

Llevo tiempo sin actualizar, y, entre otras cosas, el motivo es Fukushima, el accidente nuclear que empezó el día que la construyeron (en 1971 conectaron el primer reactor).

El caso es que desde el primer momento que me llegó información de que había un problema en Fukushima, seguí la sucesión de hechos. Enseguida me percaté, de que no daban las cuentas, de que estábamos ante un apagón informativo y que el problema era muchísimo más grave de lo que la prensa relataba (apocalíptico, dijo el Comisario de Energía de la U.E. a los pocos días del accidente).

El caso es que empecé a profundizar en el asunto, y el fin de semana del 12 y 13 me empapé de teoría de la energía nuclear, del diseño del reactor, del combustible, de física para lerdos... etc... y hasta el día de hoy no me he tomado un descanso. Sigo pendiente, sigo aprendiendo cosas, sigo profundizando en la información.

Y me he currado un blog, con información que creo que es muy interesante, necesaria, y que no está sometida a otro interés que el de entender y explicar lo que se nos viene encima.

Por supuesto que todo lo que llevo escrito en él está sometido a que me confunda en alguna conclusión o que haya entendido yo mal alguna cuestión de física nuclear. En ese caso pido que me comentéis dónde meto la pata, que pretendo seguir aprendiendo.

He considerado solo datos básicos fiables y contrastados y he procurado no dejarme llevar por las conclusiones interesadas de la empresa propietaria, del gobierno de Japón, y de aquellos que, en general, defienden la energía nuclear sin entenderla más que el misterio de la Santísima Trinidad.

El blog se llama el metro de goma, y merece vuestra visita.

Tenemos un problema gordo y conviene estar enterados, nos conviene a todos. En el peor de los escenarios podría llegar a ser cuestión de supervivencia. Así de serio os lo cuento.

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