29 de febrero de 2008

Puno declaró a la hoja de coca como patrimonio cultural de la región


La milenaria hoja de coca, vinculada a la cultura andina y satanizada por el narcotráfico, fue reconocida hoy de manera oficial como patrimonio de la región Puno, fronteriza con Bolivia, y símbolo de los pueblos quechua y aimara.

El gobierno regional de Puno, presidido por Hernán Fuentes, asimismo, acordó gestionar la suspensión de la erradicación forzosa y biológica de la planta en esa zona altiplánica del país, al considerar que esa medida constituye un "genocidio".

La ordenanza regional indicó que solicitará al Gobierno Central la despenalización de la hoja de coca, lo que implica el retiro de Perú de la Convención de Viena, suscrita en 1961, ya que ese tratado considera a la planta una sustancia sujeta a fiscalización y control, así como la califica como estupefacientes.

Los agricultores cocaleros de Perú, estimados en unos 250 mil en el país, se oponen a la erradicación de la hoja de coca y piden al Gobierno Peruano un cambio de la política antidrogas, pero el Ejecutivo insiste en eliminar la planta, usada por el narcotráfico como materia prima para la elaboración de cocaína.

Puno acordó promover la industrialización de la planta con fines alimenticios y medicinales, además de la generación del valor agregado al producto.

En una resolución, publicada en la gaceta oficial, el gobierno de Puno indicó que la hoja es "patrimonio regional, cultural inmaterial, etnobotánico, sociológico, histórico, alimenticio, medicinal e industrial, y símbolo del pueblo quechua-aimara".

Las comunidades de los Andes, sobre todo de Bolivia y Perú, tienen la costumbre de "chacchar" (masticar) la hoja de coca para mitigar el cansancio y por ser energizante.

Puno también acordó la creación del Instituto Científico de Investigación de la Hoja de Coca de Puno, dedicado a los estudios sobre las propiedades y virtudes de la planta.

Declaró, igualmente, de interés regional el cultivo del arbusto de la hoja de coca, para lo que se espera implementar políticas de revaloración del producto como recurso natural y patrimonial de Puno.

Asimismo, considera como zonas cocaleras de cultivo tradicional a las cuencas de Inambari y Tambopata, en la provincia de Sandia, y la cuenca de Inambari, en Carabaya.

Las autoridades de Puno, gobernado por sectores de izquierda, elaborarán un nuevo padrón de productores de coca en esa región altiplánica, donde se ubica el Lago Titicaca, el más alto y caudaloso del mundo, el cual es compartido con Bolivia.

Perú tiene más de 50 mil hectáreas de coca, de las cuales sólo una décima parte se destina al uso tradicional, industrial o medicinal, por lo que las autoridades sostienen que gran parte de la producción de la planta se dirige al narcotráfico internacional.

(Vía)